sábado, 9 de abril de 2011

sábado 9 de abril de 2011

Sobre la pérdida

Guillermo Batista

Existen actitudes vitales basadas, en lo fundamental, en la cautela, en la prudencia y en la búsqueda sistemática de garantías. Cuando se jerarquizan los objetivos vitales de este modo, el individuo suele adoptarla la negación como su forma más frecuente de acción, y la angustia, como estado de ánimo más repetitivo. Los enfermos afectados de angustia patológica saben bien cuán limitadora es la angustia para su fuente de energía vital. En ella siempre se encuentran elementos de temor al presente y al futuro, junto con una sistemática incapacidad para gozar de la realidad que se está viviendo. De semejante forma sienten quienes viven obsesionados por garantizar los elementos de su vida, que presumiblemente está en peligro. El estado de alerta no les permite escuchar lo que bulle en su interior. Y precisan estar siempre pendientes de los factores externos.

Cuando alguien teme perder, algo es por que lo posee. Si este temor supera el interés por ser unimismo, es que se valora más aquello que se posee que aquello que se es. Muchos han sentido en alguna ocasiòn que son en la medida que poseen. Es cierto que existen elementos exteriores que fortalecen la identidad, al igual que hay que tener satisfechos ciertos elementos vitales para poder dedicarse a la búsqueda personal.

Podría parecer justificado el miedo a peeder la identidad, a dejar de ser uno mismo; pero, cuando el miedo aparece, ello significa que se ha dejado creer en la posibilidad para intentar conservarlos. Una actitud conservadora de la seña de identidad vital implica una renuncia a modificarla y, por lo tanto, a permitir que se crezca.El miedo, contemplado desde esta perspectiva, puede suponer una señal de alarma respecto a la pérsida de iniciativa personal..En este sentido, puede tener cierta utilidad, ya que servirá de alerta para quien, en el empeño en buscar su propia energia vital, su deseo, y el entusiasmo correspondiente, baje el nivel de esfuerzo para mantenerse atento al mensaje que surge del fondo de su silencio

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